El básquet femenino cimentando su camino

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El básquet femenino de Rocamora también ha logrado cimentar su camino y escribir algunas páginas de la historia de la Institución desde aquel año 1942 de su primer partido (en su sede vieja) que siguió hasta los años 60, retomando la práctica en 1970 en su sede nueva hasta el dia de hoy. En la era moderna si lo podemos llamar así, jugó nacionales que permitieron fortalecer el básquet femenino y la igualdad dentro la Institución.

 

En la actualidad aquellas mujeres jugadoras y entrenadoras fueron abriéndose camino en la gestión actual de Rocamora iniciada hace 15 años, marcado un nuevo paradigma en lo que respecta al rol de la mujer en el deporte y en la sociedad, un ideal de trabajo con un norte bien definido, con metas claras, trabajando en las divisiones de la cantera para que en un futuro cercano se nutra al plantel profesional como lo hizo con jugadores varones en el torneo nacional de ascenso (TNA) y ahora con las mujeres en la Liga Argentina y de Desarrollo. 

Aquellas mujeres que brillaron como jugadoras y entrenadoras colocaron la piedra refundacional del básquet femenino de la Institución y que nunca paró de crecer hasta la actualidad. El desarrollo de este proceso comenzó con la participación en la Liga B’ y A’ del Río de La Plata, con la construcción de una escuelita y continuó con la creación de las categorías inferiores y formativas. 

 

Aquellos nombres

Adriana Palladino (refuerzo de Gualeguaychú), Verónica Livore, Marcela Britos, Ariana Vieyra, Sabina Livero, Maria Laura Gavino, Celina Jacquet, Maria Garmendia, Guadalupe Colombo, Ivana Castro Laura González, Maria Eugenia Bourband, Patricia Meriano, Celeste Bourband, Martina y Mariela Scelzi, Valeria González y Silvina González. Entrenadores Emma “Chiqui” Giqueaux , Pedro Bourband y Mario “Coco” González.

Una de las impulsoras de la actualidad del básquet femenino es Emma “Chiqui” Giqueaux. Dirigentes y allegados al club, quienes hoy se nutren de su sabiduría, anécdotas e historia. “Chiqui” fue la primera entrenadora mujer del club dirigiendo el masculino y femenino, e impulsora de que el básquet femenino fuera federativo en la provincia. Hija de Eduardo Adalberto Giqueaux, un gran dirigente y ejemplo para muchos, que fue por casi 20 años presidente del Rojo y esposa de un emblema como Mario Alberto González, el Tucumano” para algunos.

 

Compartimos las palabras de Chiqui Giqueaux en un reportaje realizado hace poco desde nuestra área de comunicación, palabras que sin duda son para seguir leyéndolas una y otra vez:

La igualdad

“Es un tema difícil el de la igualdad y soy muy respetuosa de la capacidad que tienen los hombres para realizar ciertas cosas. Lo que tenemos que hacer para generar igualdad, es igualar nosotras por nuestros medios la capacidad que tienen los hombres. Jamás me sentí discriminada en ningún lado, ni siquiera siendo entrenadora de los varones. Siempre respetaron hasta donde yo podía hacer las cosas. Creo que las posibilidades de igualdad están en nosotras las mujeres, nosotras somos las que tenemos que igualar con nuestras capacidades, sino será todo en vano porque no vamos poder igualar o tratar que nos respeten”, manifestó.

“Han surgido muchas mujeres muy capaces de realizar esto, y si hay muchas más mujeres capaces de hacer muchas cosas vamos a lograr algo de igualdad. Siempre va a haber una diferencia física que nos desiguala, los hombres son más capaces para jugar mejor que nosotras y es indudable, pero sí podemos alcanzar lugares donde no estamos y que no tenga que intervenir la capacidad física, sino la capacidad intelectual de cada una de nosotras. Eso lo vamos a lograr si aparecen mujeres con decision de hacerlo y capacidad”, agregó.

El Club

“No puedo dimensionar los que es Rocamora para mí y mi familia; yo me crié en el Club, a los pocos días de nacer estaba ahí. Mis padres vivieron en el club, mi papá fue presidente y mi mamá jugaba al tenis mientras yo corría por los pasillos y alrededor de las canchas de tenis. Mi familia también se crió en el club con la suerte de que los dos, mi marido (Mario González) y yo realizamos lo mismo, así que permanentemente estábamos en el club y los chicos nacieron, se criaron y aprendieron todo en la cancha de básquet. Agradezco a Dios que la familia esté como está, unida, viviendo todos lo mismo y juntándose con el deporte…. para mí el Club es todo, ojalá mis hijos y mis nietos sigan al club y al deporte, y lo vivan como lo vivimos nosotros”.

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